Sucedió alguna vez...
—Debería de dejar de publicar la Alarma, me parece
que lo desprestigia mucho como editor.
—Pues si usted me regala lo que me da a ganar, con gusto
dejo de publicarla.
El editor de Alarma! Únicamente la verdad, tenía
toda la razón. El amarillismo no da prestigio, pero sí ganancias
económicas. Casos de Alarma!, Valle de Lágrimas, fueron publicaciones
hermanas de la santa biblia del amarillismo. El éxito económico
de la misma fomento el surgimiento de publicaciones similares, Alarde, Alerta,
entre otras que gustaban adornar sus páginas de moronga con vivos amarillos.
Actualmente parece que anda rondando un Nuevo Alarma! En lo que a periódicos
se refiere, La Prensa sigue con su labor sensacionalista; dentro de la farándula,
la TV notas es una de las revistas más leídas del país,
Semanario de lo Insólito no canta mal las rancheras; localmente contamos
con Tribuna Libre y su gustada sección de sociales Huya, huya la Patrulla,
y quien no recuerda programas televisivos como Duro y directo o Hasta en
las mejores familias y demás programas que llevan el morbo como principal
atractivo.
Pero, ¿por qué demonios se le llama amarillismo?
Habría que remitirnos a la guerra periodística que sostuvieron
William Randolph Hearst (el magnate en el que se basó Orson Welles
para su película El Ciudadano Kane), y Joseph Pulitzer (creador de
los premios Pulitzer de periodismo), esto allá a finales del siglo
ante-pasado en Nueva York.
Pulitzer nació en Hungría y siempre quiso
ser soldado pero fue rechazado por los ejércitos Austro-Húngaro,
Francés e Inglés. Durante la guerra civil en Estados Unidos
quiso enlistarse en el ejército de la Unión pero también
fue rechazado. En San Luis (Missouri, no Potosí) fue el propietario
de un periódico local que le hizo ganar bastante dinero y, en 1883,
compró el New York World, lo convirtió, al cabo de un año
en un periódico de éxito por sus titulares escandalosos y sus
ilustraciones. Pero pronto le llegó la competencia de la mano de Hearts.
William Randolph Hearst era el
hijo único de un propietario minero de California, inculto y sin escrúpulos
que, al hacerse rico, compró su escaño en el Senado de los
Estados Unidos. Demasiado consentido por su madre, Hearst fue desarrollando
un carácter conflictivo que lo involucraba constantemente en problemas.
Incluso, fue expulsado de la Universidad de Harvard.
Intentó que su padre le permitiera dirigir un periódico
de San Francisco que el Senador había comprado para apoyar su carrera
política. Durante un año trabajó en el World de Pulitzer
y, de regreso en California, convirtió el San Francisco Examiner en
el periódico de más tiraje de la ciudad, esto a base de sus
escandalosos titulares. En 1895 compró el New York Journal con la idea
de competir con Pulitzer. Ambos se enzarzaron en una carrera de titulares
escandalosos, noticias falsas, etc ...
Una técnica empleada por Hearst fue la de comprar a los periodistas
de Pulitzer. Entre estos figuraba Richard Fenton Outcault, un dibujante que
publicaba los domingos una tira llamada The Yellow Kid (El Chico Amarillo
—el personaje que los persignados por el cómic norteamericano consideran
el padre de la historieta, pero seguirles la corriente es caer en provocaciones
amarillistas—). Hearst logró llevárselo a su periódico,
donde comenzó a publicar al Yellow Kid. Pulitzer reaccionó contratando
otro dibujante que continuó haciendo la tira. Ninguno de los dos magnates
estaba dispuesto a ceder y el caso llegó a los tribunales; el falló
del juez fue que The Yellow Kid se publicara en ambos diarios. Ahora había
una tira de este personaje en cada uno de los periódicos. Por eso,
para definir ese tipo de prensa, el serio y sesudo New York Times, acuñó
el término amarillismo.
La etiqueta nace con el Yellow Kid, pero el amarillismo
es muy, pero muuuy anterior y en esta ocasión algunos de los BERRiNcHuDos
se dedican a explorarlo y explotarlo.
JCC.
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